La transformación de la matriz energética dominicana en los últimos años ha sido significativa. En 2025, el gas natural se mantuvo como la principal fuente de generación eléctrica mientras las energías renovables aumentaron su participación con alrededor de un 20% de capacidad, según datos de la Asociación Dominicana de la Industria Eléctrica (Adie).
Ese crecimiento responde tanto a una política pública orientada a atraer inversión como al interés de inversionistas internacionales que han encontrado en República Dominicana uno de los mercados energéticos más dinámicos del Caribe. Además, el país mantiene compromisos importantes de transición energética, incluyendo metas de alcanzar un 30% de participación renovable para 2030.
Nos encontramos, sin duda, en un momento clave para el sector energético. El desafío es integrar eficientemente esa energía al SENI. Aspectos como el despacho económico, la modernización de redes, el almacenamiento energético y la evolución regulatoria se convierten ahora en factores determinantes para sostener el crecimiento alcanzado.
A medida que aumenta la participación de renovables, el sistema requiere mayor flexibilidad operativa para equilibrar oferta y demanda en tiempo real. En este contexto surge un concepto cada vez más frecuente en los mercados eléctricos modernos: el “curtailment”. Este mecanismo consiste en reducir parcialmente la energía que ciertas plantas pueden inyectar al sistema cuando existen restricciones operativas, congestión de redes o limitaciones técnicas para mantener la estabilidad del sistema.
En este país el debate de ese tema gira en cómo garantizar que las restricciones operativas se apliquen de manera transparente y alineada con los principios de prioridad de despacho renovable establecidos. La experiencia internacional demuestra que el crecimiento renovable debe ir acompañado de inversiones paralelas en transmisión, almacenamiento y herramientas avanzadas de operación del sistema.
El mercado dominicano todavía cuenta con espacio importante para desarrollar infraestructura complementaria que permita absorber mayores niveles de generación renovable sin comprometer la confiabilidad del sistema. El almacenamiento energético aparece como uno de los grandes protagonistas. Las baterías permiten desplazar energía hacia horas de mayor demanda, reducir congestiones y mejorar la estabilidad operativa. Asimismo, la modernización de redes y una planificación más dinámica del despacho serán fundamentales para optimizar el uso de la energía.
Desde la perspectiva financiera, esto redefine las oportunidades de inversión. Los inversionistas ya no observan únicamente proyectos de generación, sino también soluciones tecnológicas asociadas a flexibilidad, eficiencia y resiliencia del sistema. En ese escenario, el país tiene las ventajas de estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido de demanda y un marco institucional que ha permitido atraer capital internacional durante años. El siguiente paso será fortalecer la coordinación entre reguladores, operadores del sistema, generadores y entidades financieras para asegurar que el crecimiento renovable continúe desarrollándose bajo reglas claras y previsibles. Sobre todo, urge recibir de los reguladores señales claras sobre la aplicación de la regulación al tema del curtailment y a los aspectos relativos a las soluciones asociadas a la flexibilidad, eficiencia y resiliencia del sistema.
El desafío es consolidarlo mediante una regulación que garantice los derechos de todos los generadores al despacho en condiciones regladas, inversiones en almacenamiento, redes y modernización del sistema que permitan integrar esa energía de forma eficiente y competitiva.
Enlace de la revista digital: FORBES RD JUNIO 2026.pdf




